Cajones Abiertos

Afortunados, pocos.

Por: Lorena Fernández

Esta navidad fue diferente. Algunas familias fueron afortunadas de llegar completos a esta fecha, otras no. Es difícil no pensar en todo lo que estuvo pasando este año y los retos que nos faltan aún por enfrentar.

 

¿Que hemos venido haciendo mal toda la humanidad para vernos envueltos en una situación cómo esta?

Hay algo que quiero decirle a todos aquellos que le ruegan a Dios que venga para traernos paz. Independientemente de la religión o creencia que prediquen.

 

En un mundo donde gran parte de las personas no son congruentes con los actos y sus plegarias, no es suficiente rezar, también (lógicamente) podemos poner de nuestra parte para mejorar la situación.

 

¿Quiénes somos los humanos para decirle a Dios que la única solución a todo esto es que él venga? Mientras seguimos con los brazos cruzados, nada va a cambiar.

 

¿Creen que Dios, (si es que existe), necesita que le digamos los humanos lo que tiene que hacer?

 

Si queremos tener paz, en gran parte depende de nosotros generarla, ser congruentes con nuestras palabras y actos. Si queremos tener salud, hay que cuidarnos y tomar precauciones para no contagiarse de covid. Es triste darse cuenta de que se tuvo que llegar al punto crítico de vivir situaciones difíciles, para así poder mantener los pies sobre la tierra.

 

Si, quiero repetir esta pregunta: ¿Creen que un ser supremo necesita que le digan lo que tiene que hacer para ponerle fin a los grandes problemas de la humanidad?

 

¿Algún ser divino querrá hacerse presente con personas que no tienen ninguna congruencia con lo que hacen y rezan? Con quienes quieren que se acabe la pandemia, pero, no hacen nada para cuidarse a si mismos y menos a los demás.

 

¿Y si su Dios ya está aquí? ¿Se reirá o se ofenderá de las cosas que le pedimos porque, ni si quiera propiciamos que las cosas mejoren?

 

Para este año 2021, si deseo algo para mí, como para todos, que tengamos congruencia con lo que decimos, sentimos y hacemos; que el amor que nos damos a nosotros mismos, se multiplique en lo que proyectamos hacia el exterior.

Y que dejemos de suponer que podemos decirle a otros lo que tienen que hacer para solucionar nuestras expectativas de felicidad (sobre todo a Dios).

 

Porque recordemos que tanto la salud, como el amor y la paz, podemos propiciarlas nosotros mismos con nuestros propios actos.

 

En verdad sé, que somos afortunados los que aún seguimos aquí. Tanto tú, que me lees y tanto como yo, que aún te escribo. Me puede haber perdido a personas valiosas este año, y si sigo escribiéndote es porque, quiero externar mi manera de solidarizarme y dar mis condolencias a todos aquellos que han sufrido la perdida de seres queridos a causa de esta terrible pandemia.

Gracias a las personas valientes y congruentes que siguen adelante a pesar de las dificultades, deseo con todo mi corazón, sea un mejor año 2021 para todos.

Gracias también, por seguirme leyendo.

Con aprecio, Lorena.